El amor en los tiempos remotos

Durante el montaje se descubrió un fallo en la secuencia de la isla. Una isla desierta y virgen, según el guion.

Pero en la corteza del árbol donde el protagonista se apoyaba aparecían inscripciones de enamorados, grabadas a navaja. Lo descubrió después en su monitor Elena, la de raccord, que parecía tener una lupa en los ojos.

Hubo que cambiar el guion e inventar antepasados remotos, de una civilización perdida, porque no era cosa de cruzar el océano y volver a la isla a regrabar esos minutos.

Sin embargo, quedaba tan forzado que se terminó suprimiendo la escena.

Años después, de rebote, una investigación botánica estableció que el árbol era un ejemplar de rarísima especie y tenía más de dos mil años.

Los mismos que las inscripciones, precisaba.

Luis Pérez Ortiz

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