American Splendor

(Robert Pulcini y Shari Springer Berman, 2003)

LA VIDA AL RAS

Harvey Pekar, de Cleveland, es un tipo raro. Además, en su vida personal carece de la menor gracia. Ya era así en la infancia, cuando ni se disfrazaba como los demás niños, ni jugaba con ellos.
De mayor tiene expresión agria. A temporadas, para dificultar aún más la comunicación, se queda afónico. Su casa es una pocilga y con las mujeres lo tiene crudo. Un día besa a una chica y ella se levanta al excusado, a vomitar. Está desesperadamente solo, y muy caliente. “¿Y si nos saltamos el cortejo y nos casamos?”, propone ese primer día.
Trabaja en el archivo de fallecidos de una clínica y está en continua polémica con los compañeros. Donde quiera que va, lleva desorden y caos.
Coleccionista compulsivo de viejos discos de blues y jazz, termina conociendo en un mercadillo a otro coleccionista semejante, el dibujante Robert Crumb, que empieza a triunfar en los circuitos “underground” *.
Siguiendo el lema “Deberías creer en algo más grande que ti mismo”, Pekar se lanza a dibujar croquis, figuras de palitos, o sea monigotes.
Concibe entonces el plan de convertir en cómic su anodina existencia, y con la colaboración gráfica de Crumb pone en marcha en 1976 la popular, exitosa y premiada serie de novela gráfica “American Splendor”, en la que millones de estadounidenses se reconocen.

La película mezcla biopic y documental. El áspero biografiado aparece en persona o representado por un actor (Paul Giamatti), que es como su caricatura.
Sin que sea sistemático, simplemente por la libertad con que trabajan los directores, el salto de niveles se extiende asimismo al lenguaje: se combina alguna vez lo real con dibujos animados y, de cuando en cuando, aparecen viñetas, bocadillos (balloons) y textos de apoyo rotulados a mano, como en un tebeo.
Contada en este original formato, conocemos un tramo de la vida de Pekar, la atípica familia que forma con su novia y su hija, la grave enfermedad contra la que lucha, la incidencia recíproca de esos acontecimientos, su reflejo en los cómics que lo cuentan y en la propia película en marcha. Le obsesiona no saber si su personaje continuará existiendo en caso de que él, el creador, muera.
“Nuestro año de cáncer” y “Nuestro año de película”, dice con su pequeña familia para referirse a las etapas de lo narrado. Son también sendos títulos de volúmenes de la novela gráfica.

Sintetizando de modo versátil códigos visuales diversos, “American Splendor” muestra cómo un tipo tan raro como Harvey Pekar, abocado a la marginalidad y el desequilibrio, conquista una identidad lúcida y (relativamente) libre a través de la creación y el lenguaje, y puede reunir además fortaleza para afrontar un cáncer, proceso en que los personajes, hasta entonces trazados con línea satírica, ganan bastante relieve.

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(*) En 1994, Terry Zwigoff había filmado el peculiar documental biográfico “Crumb”, otra película indie señera, con ayuda de Lynch en la producción.

Archilupo

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